El otro día, en medio de una enseñanza en la iglesia, cité la historia del encuentro de Jesús y el joven rico. Una persona que se acerca con una motivación ardiente por seguir al Maestro, con muchos conocimientos de la ley y lo que debía hacer, pero, con una pasión puesta en las cosas equivocadas.
Me llamó mucho la atención, que el relato dice, que Jesús amó este muchacho. El no era uno de esos curiosos que se pegan en medio del camino en busca de un milagro; él fue una persona interesada en la causa, conocedor de lo que debía hacer, pero, como dije antes, con una pasión enfocada en cosas diferentes.
Este desenfoque, fue trágico para él. Siquiera aparece su nombre en los registros de la historia (significando su baja relevancia), simplemente le conocemos, como el “Joven Rico”…… ¿Se imaginan?: Jesús junto a los doce discípulos y al “joven rico” (el numero 13) – (el que no tiene nombre), compartiendo los alimentos, caminando juntos, tocando gente, orando juntos.
Cuando reflexioné en este relato, me di cuenta que muchos de nosotros, por no abandonar nuestras seguridades personales, nos abstendremos de vivir una vida caminando junto a Jesús. Probablemente, nuestra única experiencia de vida cristiana junto al Maestro, sea la de un encuentro furtivo un domingo por la noche en la iglesia, nunca algo duradero y permanente.
Vende lo que tienes, regálalo a los pobres y sigue a Jesús. Parece duro, ¿verdad? En otro texto y en una situación diferente, Jesús dijo: “Niégate a ti mismo, toma tu cruz cada día y sígueme”.
Para este joven sin nombre, convertirse en el discípulo Numero 13 significaba: Abandonar su pasión (evidentemente los bienes materiales y el dinero), preocuparse por otros y seguir a Jesús.
¿Qué significaría para ti?