La palabra imposible definitivamente no pertenece al vocabulario Divino y sobrenatural, sino, pertenece a nuestro modus vivendis. Es una forma de reconocer nuestra incapacidad para realizar algunas tareas. Es como reconocemos que no podemos ver mas allá de las circunstancias actuales.
En cambio mi amigo Jesús dijo, Lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios. Así que cuando comenzamos a ver las circunstancias y actividades que realizamos por el lente de Jesús, nos damos cuenta que realmente todo lo podemos en Cristo.
Si tomas un lente de color verde y miras a través de el, todo lo que veas estará de color verde. Si lo tomas de color rojo, todo lo que veas será rojo, en cambio si vemos a través de Dios todas nuestras circunstancias, la vamos a ver del color que Dios realmente la ve.
Hay 3 pasos importantes a la hora de comenzar a realizar acciones imposibles con Dios:
1. Reconocer nuestra impotencia y nuestra necesidad: Una de las canciones que mejor lo explica dice de Yo + Yo = Nada, pero Yo + Dios = guerra ganada. Debemos empezar a decirle a Dios que lo necesitamos realmente en todas nuestras acciones, entregarle todo lo que tenemos para que así comience a realizar en nosotros y a través de nosotros cosas imposibles.
2. Actuar en fe: Palabras como las de Jesús cuando dijo: Levántate y anda, muevan la piedra del sepulcro, demanda un tremendo acto de fe de parte de los afectados para que la acción imposible se realice. Es ver mas allá de lo que nuestros ojos puedan apreciar, llamarle vivo a lo que esta muerto, sano a lo que esta enfermo, hecho a lo que todavía no existe. Cuando hagamos eso, comenzaremos a ver acciones imposibles sobre nuestra vida.
3. No temer al fracaso: Puede ser que no funcione al primer intento, al segundo tampoco, pero cuando obramos en fe para lograr lo imposible esto no puede ser un obstáculo. Naamán en la Biblia fue sano de lepra después de 7 inmersiones en el agua. Si a la primera inmersión tiramos la toalla porque no funciono, nuestra acción imposible será reducida a nada.
A Dios le gustan las personas que prefieren hundirse sobre las aguas, intentando caminar. Para eso se requiere mucho valor y no temerle al fracaso.
Conclusión: cuando enfrentemos nuestros gigantes, esas cosas que son imposibles para nosotros. Recordemos que Dios quiere que seamos vencedores, que realicemos cosas imposibles, que actuemos en fe no temiéndole al fracaso.